Con o sin tratado, las disputas territoriales plantean cuestiones sobre la capacidad de cada país para defender sus intereses. También a este respecto Estados Unidos ha demostrado menos prisa, mientras que Canadá ha actuado de manera más activa para conseguir soberanía sobre un espacio en rápido cambio, que durante mucho tiempo había olvidado. Hace tres años, Canadá empezó a patrullar las zonas más remotas del Ártico con 1500 soldados. El ejército de ese país lanzará el Radarsat 2, un sistema por satélite que permitirá vigilar el Ártico.
En ese contexto y en previsión del dominio del paso polar al abrirse éste para la navegación debido al calentamiento global, Canadá y Dinamarca mantienen una discrepancia sobre cual de los dos estados ha de ejercer la soberanía sobre la isla Hans, una pequeña isla deshabitada, situada en el centro del canal de Kennedy en el estrecho de Nares —el estrecho que separa isla de Ellesmere, Canadá, del norte de Groenlandia, y que conecta la bahía de Baffin con el mar de Lincoln.
Pero en los cambios presupuestarios posteriores a los atentados del 11 de septiembre, la marina redujo fuertemente el gasto en investigación polar. Además, los tres grandes rompehielos estadounidenses se están deteriorando. En agosto de 2007, una expedición dirigida por Artur Chilingarov colocó una bandera Rusa en el fondo marino al finalizar la expedición para demostrar que el Ártico es una extensión de la Cordillera Lomonósov y Mendeléev, y con esto reclamar 1.2 millones de kilómetros cuadrados, la información obtenida será analizada para someter el reclamo ante la ONU. La región en disputa puede contener non solo grandes cantidades de hidrocarburos sino también oro, diamantes y otros recursos naturales.1